En la cuenca del río Yurumanguí, en el Pacífico colombiano, la vida comunitaria ha sido atravesada durante décadas por la violencia, el desplazamiento y el control territorial de actores armados. En ese contexto, cientos de personas han tenido que abandonar sus casas, fracturando los vínculos familiares y debilitando prácticas ancestrales que sostienen la relación con el territorio. Cada año, durante la Semana Santa, una celebración permite revertir —aunque sea por unos días— esa ruptura.