Pay de manzana

Isabella Bernal

Pay de manzana

En Estados Unidos se dice que no existe nada más americano que un pay de manzana. Pocos saben que estas frutas son cosechadas y recogidas por manos importadas.

Estas fotografías hablan de un sueño, el sueño de un grupo de personas que viajan de América Latina hasta Estados Unidos para trabajar en los cultivos de Nueva Jersey que abastecen a los mercados frescos de Nueva York. Habla de un pueblo habitado por una población migrante, en su mayoría hombres, que afectan físicamente el paisaje de un país al que metafísicamente nunca podrán pertenecer. Habla sobre una gente atravesada por la ausencia y la nostalgia, que ha creado una vida estacionaria a cambio del beneficio económico que promete una mejor vida para sus familias en el sur de América.  

A través de los rostros de estas personas, quienes producen el alimento en Estados Unidos, no sólo se conocen las condiciones de vida de una población que actualmente está siendo amenazada por el gobierno de Donald Trump, sino que se revela la relación actual que existe entre el hombre y la naturaleza; una relación económica que ha degenerado la industria alimenticia hasta promover dinámicas de migración y desigualdad.

Al retratar la experiencia del migrante en Plainfield, un pueblo que ejemplifica una situación universal fácilmente replicada en lugares con alta producción de materias primas –plantas domesticadas–, se demuestra cómo la gente termina domesticando sus costumbres alrededor de los frutos. Y no viceversa.

La manzana, enraizada en el corazón norteamericano, aparece aquí como un símbolo de sacrificio y fe. Como un regalo de la tierra que moldea nuestros comportamientos y nos pone a gravitar a su alrededor, en los dos extremos del continente americano.

Estas fotografías hablan de un sueño, el sueño de un grupo de personas que viajan de América Latina hasta Estados Unidos”.

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