13 agosto, 2026

BUENAVENTURA Tres días después del terremoto

Silvia Parra

FOTOGRAFÍA:
Fernanda Pineda
Crónica, Fotografía, Sin categoría

En Buenaventura, tres días después del terremoto, las consecuencias de la emergencia se hacen especialmente visibles en sectores como Carlos Lleras, alrededor de la Calle de los Almendros y La Ruñidera. En esta zona, cerca de 40 viviendas resultaron afectadas, muchas de ellas construidas principalmente en madera. Familias enteras perdieron sus casas y ahora permanecen en las calles o en carpas, junto a las pocas pertenencias que lograron recuperar.

En medio de esta destrucción está la historia de Guillermina Angulo, de 46 años, madre de cinco hijos, quien murió el mismo día del terremoto. Su familia tuvo que esperar hasta ayer para recibir su cuerpo y poder realizar el velorio. 

La muerte de Guillermina ocurrió en uno de los sectores más afectados de la ciudad. La magnitud del daño puede verse en las viviendas destruidas, las pertenencias acumuladas en las calles y las familias que permanecen fuera de sus casas mientras intentan encontrar una manera de reconstruirlas. Las fuertes lluvias habituales de Buenaventura agravan las condiciones de quienes ahora duermen a la intemperie.

Los habitantes señalan que buena parte de la asistencia recibida hasta ahora ha llegado de comunidades vecinas y organizaciones locales. En el sector funcionan cocinas comunitarias y las familias organizan sus pertenencias mientras intentan recuperar documentos, objetos personales y materiales que puedan servir para reconstruir sus viviendas. Muchos también han perdido su posibilidad de trabajar, lo que dificulta aún más la recuperación económica.

Buenaventura es el principal puerto de Colombia sobre el Pacífico, pero también uno de los municipios más pobres del país. La ciudad arrastra desde hace años altos niveles de desempleo, dificultades de acceso a servicios básicos y una infraestructura vulnerable. El terremoto profundizó esas condiciones y dejó en evidencia la fragilidad de una ciudad que ya enfrentaba importantes necesidades sociales.

Desde el terremoto, Buenaventura ha permanecido aislada por vía terrestre. La única carretera de acceso sufrió graves afectaciones y varios derrumbes bloquearon el paso. Los trabajos de remoción de escombros avanzan progresivamente con el objetivo de recuperar esta vía, fundamental para conectar el puerto con el resto del país y permitir el ingreso de alimentos, medicamentos, equipos y ayuda humanitaria. También se han reportado daños en puentes y otros puntos de la infraestructura vial.

Este aislamiento ha complicado la respuesta a la emergencia. Mientras se intenta restablecer el acceso terrestre, las familias afectadas y las instituciones de salud continúan esperando recursos para atender las necesidades más urgentes.

El Hospital Distrital Luis Ablanque de la Plata, un hospital de segundo nivel, también resultó afectado. Los daños en la estructura obligaron a trasladar a los pacientes al exterior, donde están siendo atendidos en el parqueadero y en carpas improvisadas.

El personal médico ha señalado la necesidad de carpas adecuadas y cubiertas, baños portátiles y medicamentos básicos. Algunas áreas del hospital no pueden utilizarse de manera segura y se busca apoyo de la Secretaría de Salud y de organizaciones y fundaciones para mantener la atención.

El balance general de la emergencia da cuenta de decenas de viviendas destruidas y averiadas, personas fallecidas y heridas y una ciudad que continúa enfrentando dificultades para recibir asistencia debido al abandono estatal y a las afectaciones en sus vías de acceso.

Pero las cifras adquieren otra dimensión en lugares como La Ruñidera. Allí, la muerte de Guillermina Angulo y la espera de su familia para recibir su cuerpo forman parte de una tragedia que combina la pérdida de vidas con la destrucción de viviendas, la pérdida de ingresos y la dificultad para acceder a servicios esenciales.

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