Hacer la guerra no es exactamente permanecer en una eterna balacera o en un combate sin fin. Las actividades que permiten la guerra pueden llegar a ser, incluso, insulsas y anodinas. En un paraje de la cordillera un campesino y aserrador vivió su forma particular de ser guerrillero. Y tuvo la fortuna de no recibir a cambio fuego mortal.