A pocos metros de un lugar conocido como “Piedras Marcadas”, en los límites entre Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal, una represa inconclusa tuerce el curso de la quebrada San José, también conocida como La Cristalina.
De acuerdo con ambientalistas locales la represa secó y transformó la dinámica biológica de la quebrada porque desvió un tramo de su cauce. Esta construcción hace parte de un proyecto autorizado en 2017 para tomar parte del agua de la quebrada San José y trasvasarla por un túnel de cerca de un kilómetro a través de la Serranía del Alto del Oso con el propósito de vender el líquido a los conjuntos residenciales y bloques de edificios que han proliferado en la última década en las comunas 2 y 5 del municipio industrial, sectores conocidos popularmente como Frailes, El Japón, La Pradera y los Lagos.
El proyecto inicialmente fue desarrollado por Acuaseo, una empresa privada de servicios públicos domiciliarios. Posteriormente se estructuró otro proyecto con Serviciudad, la empresa municipal de acueducto, aseo y alcantarillado. En 2016 Acuaseo obtuvo un permiso de concesión de aguas de la quebrada por parte de la Corporación Autónoma Regional del Risaralda (CARDER) para captar hasta 210 litros por segundo del caudal. Serviciudad obtuvo un permiso similar más adelante.
Pese a que el proyecto nunca entró en operación, esta concesión se ha ido renovando con los años a través de varios actos administrativos de la CARDER, en uno de ellos, la resolución 1103 de 2023, se autorizó a Serviciudad para que ocupara el cauce de la quebrada con la construcción de la bocatoma para el agua.
Acuaseo ya salió del negocio, que ahora está en poder de la empresa pública Serviciudad, pero la bocatoma que fue construida inicialmente por ellos quedó abandonada como testigo de su paso por la región. La CARDER había suspendido las obras en junio de 2024 tras denuncias de la comunidad. Ahora Serviciudad planea construir una nueva bocatoma cuarenta metros cauce abajo de la anterior, a la que se incorporará una planta con desarenadores para darle un primer tratamiento al agua antes de trasvasarla por la montaña.
El túnel será atravesado por una tubería de 24 pulgadas que alimentará una planta de tratamiento al otro lado de la serranía, a un costado del Alto del Toro, con una inversión que según datos oficiales supera los 72 mil millones de pesos. La proyección es que podrá abastecer agua para 50 mil familias en el suroriente de Dosquebradas.
De acuerdo con los documentos en poder de Baudó, esta bocatoma tendrá capacidad de captar hasta 420 litros por segundo, es decir, el doble de lo autorizado por las resoluciones de la CARDER, y esto precisamente es lo que ha alertado a la Asociación CAIARM, una organización campesina y ambientalista de la zona, pues denuncian que en tiempo de sequía la quebrada San José ha tenido un promedio de caudales de apenas 470 litros por segundo.
“La represa que construyó Acuaseo ya hizo que un costado del cauce se muriera”, aseguran los voceros de la Asociación CAIARM, que piden no ser citados para proteger su seguridad: “Ahora van a generar una vulnerabilidad en el ecosistema”, aseguran refiriéndose a la construcción del túnel para trasvasar el agua, que estaría ubicado en una zona cruzada por la falla geológica de Romeral.
“En el Alto del Toro hemos tenido movimientos de tierra en masa registrados de gran magnitud. Detonar la montaña y abrir un túnel va a generar más impactos”, aseguran desde la Asociación CAIARM: “Las capas de piedra no son aptas para ser perforadas. No queremos que se lleven el río San José, en temporada de sequía al río le van a quedar cincuenta litros por segundo, hace parte del caudal del río Otún que tiene una figura de protección”.
La quebrada San José nace en lo más alto de la cordillera central, cerca del Paramillo de Santa Rosa y es uno de los tributarios más importantes de la gran cuenca del río Otún, declarado como sujeto de derechos por un juzgado local después de que dos ciudadanos presentaran una acción de tutela en 2019 alertando por el grave deterioro ambiental del afluente. En ese proceso la Procuraduría aseguró que en la cuenca media el río experimentaba graves impactos a causa de la urbanización sin control.
Baudó accedió a información del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible que indica que el caudal de la quebrada San José ha tenido un promedio de 754 litros por segundo, aunque en tiempo de sequía ese promedio disminuyó a 477 litros.
La Alcaldía de Dosquebradas, en cabeza de Roberto Jiménez, hermano del jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez “Macaco”, ha promocionado el proyecto como la solución para el problema crónico de suministro de agua que sufre la ciudad desde hace décadas. Pero las falencias de la planeación municipal de su administración y las anteriores alcaldías son evidentes, puesto que la curaduría urbana del municipio ha autorizado decenas de grandes obras y proyectos urbanísticos, una expansión acelerada de la construcción en la ciudad sin que exista una alternativa real de suministro de agua.
En noviembre la Alcaldía y Serviciudad comenzaron a socializar el proyecto de transvase de agua del río San José con las comunidades aledañas del barrio Comuneros, en la comuna 2, y con habitantes de las veredas del Alto del Toro. “La gente no está de acuerdo porque la perforación de la montaña tiene impactos”, aseguraron a Baudó los voceros de la Asociación CAIARM: “Ya dan por hecho el proyecto, empezaron a comprar predios. Ellos tienen una viabilidad técnica pero no tienen viabilidad financiera”.
La comunidad señala otro aspecto importante: la zona tiene una gran importancia arqueológica pues allí se ubican las famosas piedras marcadas, unos petroglifos únicos en la región, tallados sobre rocas dentro de la misma quebrada San José, para los cuáles no hay ningún plan de manejo: “No se ha hecho una valoración arqueológica efectiva en el territorio, no es un proyecto viable, y menos para alimentar unas construcciones que responden a una especulación del crecimiento poblacional”, aseguraron desde la Asociación CAIARM.
El mayor temor tiene que ver con las sequías más fuertes y prolongadas a causa del cambio climático. Según los cálculos del mismo proyecto, el río perdería casi la mitad de su caudal, pues el volumen de agua disminuye en promedio a 470 litros por segundo y la captación de agua autorizada llega a los 210 litros por segundo.
Consultamos a los voceros de Serviciudad para conocer su postura frente a estas denuncias, pero al cierre de este reportaje no habíamos obtenido respuesta.
“Eso va a generar un impacto grandísimo para todo el ecosistema”, concluyeron desde la Asociación CAIRM: “Tenemos una relación con el río, una dinámica comunitaria y social, para nosotros es una apuesta política reapropiarnos de ese río”.