Despachos de la pandemia (desde el encierro)

Texto: Juan Miguel Álvarez 
TW: @cronista77
IG: @vidacronica
Ilustración: Ana María Lagos

Despachos de la pandemia (desde el encierro)

La crisis de salud pública global no da espera. En BaudóAP hemos venido trabajando sin fijarnos mucho en los asuntos impuestos por la urgencia de la coyuntura. Lo consideramos un método eficaz para poder llevar a fondo y con la calma necesaria los temas que nos mueven como grupo de investigación periodística. Sin embargo, la fatalidad mundial causada por este nuevo coronavirus —los miles de muertos, los cientos de miles de contagios— nos ha empujado a querer ayudar entregándole información a los lectores que les pueda ser útil a la hora de tomar decisiones que les prevenga de contagiarse de esta infección o que, llegado el momento, les pueda salvar la vida. Quizás caigamos en la saturación informativa sobre un mismo suceso, pero en este caso preferimos errar por exceso de atención y no por desinterés editorial.

Quedan muy invitados a leer estos despachos y a enviarnos sus preguntas vitales sobre esta enfermedad. Nosotros trataremos de encontrarles respuesta con las explicaciones de los expertos.

Despacho # 1

“El signo de alarma más grande es la dificultad para respirar”

El encierro puede empujarnos hacia un estado de pánico en el que leemos cualquier dolencia como un signo del nuevo coronavirus. Conviene pedir ayuda profesional en tal caso y conviene también tener muy claro cuáles son las manifestaciones reales de la enfermedad. Una prestigiosa infectóloga nos ha contestado unas preguntas con las que queremos ayudarle a los lectores a distinguir los reales síntomas de esta infección. 

Lo primero es la incertidumbre.
     Aunque los gobernantes locales aquí en Colombia han ordenado la cuarentena preventiva desde este fin de semana —del 20 al 23 de marzo—, somos muchos los que ya llevamos varios días de encierro voluntario y los efectos en la salud mental han empezado a aparecer. Las dolencias de siempre se han convertido en “potenciales” síntomas de esta nueva enfermedad. Un dolor de cabeza que antes se lidiaba con acetaminofen ahora nos hace dudar. Una opresión en el pecho, típica manifestación del estrés, nos hace creer que tenemos los pulmones afectados y seremos víctimas de una neumonía mortal. Una fiebre repentina nos obliga a preguntarnos si hemos estado expuestos al contagio del Covid-19.
     Una amiga llamada Manuela despertó el martes pasado con la garganta inflamada. Era su segundo día sin pisar la calle. El miércoles ya no podía tragar y debió insistir en el teléfono por una cita médica a larga distancia. Manuela, disciplinada en su vida cotidiana, sabe que en marzo y octubre de cada año padece de esto mismo. El aire de Medellín —ciudad en la que vive— se torna nocivo y a ella le despierta, sin falta, una faringitis aguda. Lo jodido es que a pesar de tenerlo presente, se dejó llevar por el pánico y conjeturó todas las variantes en las que podía haber contraído el virus. La reunión con unos clientes en tal día; el almuerzo con el amigo de sus papás; la vez que fue a comprar verduras al supermercado. Agotada de que no le contestaran, se tiró a dormir. En la noche, finalmente, un médico al otro lado del auricular atendió su consulta y la calmó diciéndole que no tenía los síntomas de este virus.
     Algo parecido le sucedió a Sara. El martes de esta semana que termina le nació un dolor en el pecho que iba y venía con la respiración. Sin darse tiempo para ver otro destino, se inclinó a creer que estaba contagiada por el Covid-19. Quizás tuvo dos razones: una, que vive en Bogotá, ciudad en la que se ha confirmado el más alto número de contagios: 88 al corte de ayer sábado 21 de marzo a las 8 de la noche. Otra, que su mejor amiga trabaja en una librería en Bogotá frecuentada por extranjeros y el lunes despertó con los síntomas de una gripa. Y como Sara la había visto en los días previos, temió lo peor. Ese dolor en el pecho la llenó de angustia y la hizo estallar en llanto. Cuando pudo controlarse, pidió atención domiciliaria. Una médico general que en estos días no para de visitar pacientes agobiados que requerirían consulta de salud mental se presentó en casa de Sara y le dijo que estuviera tranquila, que eso del pecho era la somatización de la angustia y le recetó calmantes.
     A mí me estaba pasando algo parecido. Al tercer día de mi encierro, un inusitado dolor de garganta, un martilleo en la cabeza y la noticia de una prima que había amanecido ardida en fiebre de 39 grados y que había estado todo el día —toda la semana— en mi casa. Ya el viernes, es decir al quinto día de estar viendo los semáforos desde el balcón, me germinó una levedad en el cuerpo como si me fuera a dar escalofrío. “Cogiste el virus”, comencé a decirme. “Vas a matar a tu papá”. Mi papá tiene 88 años, sufre de varias dolencias de base y esta cuarentena la estamos piloteando bajo el mismo techo.

     Lo segundo es la confusión.

   ¿Cuándo saber que lo que siento puede ser esta gripe letal? ¿En qué momento debo salir corriendo a la clínica?
  Sobre el tema de las pruebas o test que ahora andan haciendo selectivamente los equipos médicos públicos y privados, siguiendo el instructivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay que escribir otro despacho. Por ahora vale decir que aquí en Colombia —y más en ciudades que no son Bogotá— no es suficiente que la persona que se cree infectada llame a la línea de atención y pida la prueba. Cuando le contestan —hay gente que tarda un día entero intentándolo— es para decirle que si no está documentado su caso como un posible contagio por cercanía con un portador comprobado, no se la van a hacer. Le indican que debe autoaislarse en su propia casa y de sus familiares. Que si siente asfixia corra a un centro médico.
    Por ahora —ojalá solo por ahora— parecen no haber en el país suficientes kits de prueba (RT-PCR) para atender a todo aquel que pueda ser un potencial infectado. Si los hubiera, el Ministerio de Salud ya hubiese ordenado iniciar la estrategia que mejor resultado ha dado para “aplanar” —reducir—  la curva de contagio, que es aumentar ostensiblemente la toma de pruebas en todas las personas posibles y de manera aleatoria. Tal como Corea del Sur, que logró realizar 20.000 pruebas diarias durante diez días para detectar los portadores del virus en el mayor foco de infección, aislarlos y tratarlos.
    Mientras Colombia se reacomoda buscando evitar que la gente no se infecte, la doctora Karen Melissa Ordoñez Díaz se tomó unos minutos de su extenuante agenda para explicarnos vía telefónica los signos de alarma de este nuevo virus. La doctora Ordoñez es una médico internista e infectóloga graduada de la Universidad Nacional, miembro de número de la Asociación Colombiana de Infectología y full member de la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas. En esta coyuntura hace parte del Consenso Nacional para el Manejo del Covid-19, que es un equipo de unos cuarenta virtuosos especialistas en diferentes áreas —internistas, infectólogos, neumólogos, intensivistas, cardiólogos, entre otros más—, que fue creado por el Ministerio de Salud con el objeto de analizar la información objetiva para orientar las decisiones sobre prevención y manejo de la crisis.

Luego de que una persona queda contagiada, ¿a los cuántos días manifiesta los síntomas?
R/ Después del momento del contagio los síntomas pueden desarrollarse en cualquiera de los siguientes 14 días. Si después de esos 14 días la persona no presentó síntomas, no los desarrollará luego.

¿Cuál es el primer síntoma que se manifiesta en un contagiado?
R/ Las manifestaciones pueden ser leves, moderadas o severas. La mayoría de los casos van a ser leves y los síntomas son los de un resfriado común: dolor de cabeza, tos, mocos, dolor de garganta, fiebre. Puede aparecer cualquiera de estos y sin ningún orden particular. Y rápidamente se juntan todos.
     Si la persona no tiene dificultad para respirar, si puede comer bien y tomar líquido, si no sufre de otras enfermedades, si es menor de 65 años, digamos que no habría necesidad de que acudiera a Urgencias. Pero si la persona presenta estos síntomas leves y además tiene diabetes o hipertensión, cáncer, falla renal u otras enfermedades que se las esté tratando cotidianamente, debe hacerse valorar de un médico para saber si requiere ser hospitalizado.

Si la persona sufre de alguna de estas enfermedades de base o es mayor de 65 años, ¿estos síntomas se van a manifestar distinto?
R/ Pueden darle con mayor severidad. Le puede dar dificultad para respirar y se le puede bajar la saturación de oxígeno en la sangre. Estos son síntomas de que la gripa se le está complicando y se le está desarrollando una neumonía.

Se ha dicho con alguna insistencia en que los pacientes mayores de 65 años son los que tienen mayor riesgo de que desarrollen neumonía. ¿Qué pasa en los menores de 65 años?
R/ También pueden desarrollar neumonía por el Covid-19. Que se presente más en los mayores de 65 no quiere decir que a los de menor edad no les dé. La gente joven también se ha complicado. Todos debemos estar atentos a los signos de alarma.

¿El dolor de garganta que produce el Covid-19 es parecido al de una amigdalitis? ¿Es distinto?
R/ Es así, parecido al de la amigdalitis.

¿La fiebre que puede dar de un día para otro y no volver más puede considerarse un síntoma de esta enfermedad?
R/ La fiebre de los episodios virales dura tres días. De tres a cinco días y se controla con medicamentos. Pero la fiebre puede dar por otras razones. Con el Covid-19 el signo de alarma más grande es la dificultad para respirar.

[Le describo un caso que me contaron por teléfono: mujer, 24 años, buen estado de salud, fiebre súbita de 39 grados, tos y carraspera en la garganta. 24 horas después los síntomas comienzan a mermar. Y 48 horas después solo ha quedado el dolor en la garganta de tanta tos. La doctora Ordoñez me dice que es raro, pero que si ya pasaron los síntomas y no presentó disnea —dificultad para respirar— no se le da tratamiento contra el Covid-19. Sus palabras exactas fueron: “No se le hace nada”.]

Lo que le estoy entendiendo es que esta mujer pudo haber tenido el virus y se le manifestó así, pero también pudo no haberlo tenido, ¿correcto?
R/ Exacto. Hay que tener en cuenta que los virus respiratorios son como cincuenta. En este momento a uno le puede dar gripa por cualquiera de esos cincuenta. Que a alguien le dé gripa no significa que tiene coronavirus. No hay que olvidar que los otros virus existen, que la neumonía por bacterias sigue existiendo, la tuberculosis sigue existiendo. No hay que perder el panorama.

[Le digo que por eso lo ideal es que si una persona presenta síntomas de una gripa común opte por autoaislarse voluntariamente para evitar un posible contagio a sus familiares. Como no sabe si es coronavirus, lo mejor es evitar todo contacto. La doctora Ordoñez me dice: “Correcto. Es lo mejor”.]

¿En qué momento una persona que no sabe si está infectado con el Covid-19 debe buscar atención en un centro médico?
R/ Los que presentan los síntomas de la gripa y que además tengan factor de riesgo para complicarse deben ir a un centro médico sí o sí. Mayores de 65 años, diabéticos, hipertensos, pacientes con cáncer, pacientes con complicaciones renales, con complicaciones pulmonares.
     Si es una persona joven y presenta los síntomas de la gripa y además empieza a sentir ahogo, problemas para respirar y que sienta que le falta el aire, tiene que ir a Urgencias porque son signos de que está desarrollando una neumonía.

¿Dentro los síntomas pulmonares también cabe el dolor interno en los costados de la espalda, como si le estuvieran doliendo los pulmones?
R/ Más que todo, el síntoma es que sienta la falta de aire, que no pueda respirar, que se ahoga.

Un paciente salió diagnosticado con el Covid-19, ¿de qué depende que lo dejen hospitalizado?
R/ Únicamente, que presente signos de neumonía. A un paciente que solo tenga los síntomas de la gripa no se le deja hospitalizado.

¿Y qué debe pasar para que a ese paciente hospitalizado lo pasen para la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI)?
R/ Que la neumonía se agrave. Y una neumonía se agrava cuando el oxígeno en la sangre baja muchísimo y el paciente requiera de una máquina que lo ayude a respirar para que esa oxigenación suba. Que la tensión arterial baje mucho y el paciente requiera medicamentos para que le suba la presión. Que el paciente empiece a tener fallas en los órganos vitales por la sepsis, como pueden ser los riñones. La sepsis es el cuadro de complicaciones agudas cuando se sufre una infección. Estos son casos graves que deben ir a terapia intensiva.

Cuando un paciente está en la UCI con ventilación mecánica, ¿de qué depende que se salve? ¿De qué depende que no muera?
R/ De varias cosas. Primero, que el mismo paciente comience a regular su respuesta inflamatoria sistémica. Segundo, que su sistema inmune comience a controlar el virus. Tercero, hay algunas terapias que se están utilizando y pueden ayudar a la recuperación, entonces, que el paciente responda bien a esas terapias. Sin embargo, cuando el paciente alcanza el estado de sepsis la mortalidad es muy alta. Alrededor del 60% de los pacientes que alcanzan la sepsis, por cualquier tipo de infección no solo la del Covid-19, mueren.

Luego de que un paciente grave esté en la UCI, ¿cuánto puede tardar en morir?
R/ No te puedo decir porque eso depende del cuadro clínico de cada paciente. Una persona puede morir al quinto día o puede sobrevivir al Covid-19 pero luego sufrir una complicación posviral y morir. Decirte una cantidad de días es muy irresponsable.

Comprendo. Pero una persona en estado grave que internen a la UCI ¿logra resistir varios días o se muere rápido?
R/ Una persona con una infección grave que no reciba un tratamiento adecuado se muere rápido. Siempre. En este caso del Covid-19 en que todavía no hay un tratamiento especial que uno sepa que funciona, el paciente se muere rápido. Es el ritmo general de todas las infecciones porque se llega al proceso de sepsis. Y la sepsis mata rápido porque causa la disfunción de los órganos vitales.

[Le digo a la doctora Ordoñez que quizás esto explique por qué en Italia mueren centenares de personas entre un día y otro. Del viernes 20 de marzo al sábado 21 esté país sumó 793 muertos por esta infección. Me dice que sí y añade: “También hay que considerar el colapso de los servicios de salud. Digamos que si tú no tienes dónde hospitalizar a los enfermos y no tienes cómo internarlos en cuidado intensivo se van a morir. Eso mismo está sucediendo en España.]

A los pacientes que les dio neumonía grave, pero se logran recuperar ¿qué tan afectados les quedan los pulmones? ¿Recuperan completamente sus pulmones?
R/ No sabemos todavía. El virus apareció en diciembre y no ha transcurrido suficiente tiempo para que conozcamos las secuelas. Eso solo lo sabremos en los próximos años cuando veamos a los pacientes que se recuperaron y podamos observar si les quedaron secuelas.
     Usualmente, un paciente se demora varios días para recuperar su función pulmonar previa luego de una neumonía, pero queda normal.

    El encierro apenas está comenzando. Si hasta el viernes 20 había sido opcional, a partir del martes 24 de marzo será obligado por orden presidencial. Quizás no sea exagerado decir que la mayoría de la población colombiana nunca antes ha —hemos— debido sobrellevar algo así. De ahí que casi nadie tenga claro que pueda suceder con su salud mental en los días que siguen. En Internet, en radio y televisión ya están circulando una serie de recomendaciones que quizás convenga seguir.

     Por su parte, Manuela ha optado por dejar su apartamento y mudarse a casa de sus padres mientras pasan los días más críticos. Sabe que el imperativo ahora es aplacar los nervios: “Yo creo que todos en este momento creemos que tenemos esa vaina. El cerebro no se ha desconectado de esto por tres o cuatro semanas. La ansiedad nos va a matar primero que el virus”.
     Sara la tiene distinta. Comparte apartamento con un primo, pero vive muy lejos de su mamá, aunque cerca de sus hermanas. Ha llorado todos los días y, aunque es historiadora, optó por dejar de informarse sobre el avance de la pandemia para sacarse de la cabeza la idea de esta crisis por el tiempo que sea posible. “Tengo susto, de verdad”, me escribe. “No quiero pensar que tengo ese virus. Es mejor pensar que no tengo ese virus”.

En mi caso, ninguno de los supuestos síntomas que he sentido en este aislamiento ha durado más de 24 horas. Es claro que mi mente me está poniendo a prueba. Pero, por si las moscas, he tratado de permanecer a más de dos metros de distancia de mi papá y ya van a ser siete días en que no le doy un abrazo. 

          Pereira, domingo 22 de marzo, 8:10 am