La decisión que hizo pública el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de controlar en Colombia las poblaciones de hipopótamos (Hippopotamus amphibius) mediante la eutanasia química y física, ha desatado una oleada de noticias y debates. Por primera vez un gobierno toma medidas como ésta enfocadas al control del megahervíboro africano.
La decisión se toma tras varios años de intentos fallidos implementando otros métodos de control; el hipopótamo ya estaba en el Plan Nacional para la Prevención, el Control y Manejo de las Especies Introducidas, Trasplantadas e Invasoras desde el año 2011 y fue declarado como especie exótica invasora con el fin de tomar medidas al respecto en la resolución 0346 de 2022.
El gobierno argumenta que la implementación de otros métodos que vienen siendo desarrollados de manera paralela (la castración —implementada por Cornare— o los intentos fallidos de translocación a países como México, India y Filipinas) no han dado los resultados esperados, lo que hace indispensable el uso de la eutanasia para evitar que el impacto del hipopótamo se prolongue durante los 40 o 50 años que se estima su expectativa de vida en Colombia.
Por otro lado, voces como la del activista Álvaro Múnera Builes, los mexicanos de Ostok Sanctuary o el creador de contenido Nicolás Ibargüen (quien dice representar los intereses de Vantara, centro de rescate y conservación de fauna silvestre en India) han cuestionado la negativa del gobierno por aceptar la translocación de algunos animales en un ir y venir de acusaciones de falta de permisos y desinterés estatal. Es válido agregar que Ostok y Vantara han sido acusados en diferentes momentos por tráfico ilegal de especies.

El Ministerio de Ambiente, por medio del Fondo para la Vida y la Biodiversidad, ha puesto a disposición de las Corporaciones Autónomas 7.200 millones de pesos para la implementación del Plan para la Prevención, Control y Manejo del hipopótamo: “Hoy estamos anunciando un protocolo de eutanasia para que las autoridades ambientales puedan implementarlo con el acompañamiento de institutos científicos, porque sin esta acción es imposible controlar el crecimiento de la especie”, contó a medios de comunicación la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible (e), Irene Vélez Torres.

En Colombia hay una especie en peligro de extinción que además de muchas otras amenazas a su supervivencia también lleva años cruzándose en su hábitat con los hipopótamos: el manatí del Gran Caribe (Trichechus manatus), uno de los mamíferos más grandes de Colombia.
Este gran animal acuático de los ríos colombianos es uno de los más amenazados del mundo, clasificado en Peligro de Extinción (EN) en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Aunque el hipopótamo también es una especie amenazada en África, se estima que su población llega hasta los 130.000 individuos mientras los manatíes no llegan ni al 2% de esta cifra. Se cree que la población mundial actual de los manatíes es menor a los 2.500 individuos adultos y se espera que su población siga cayendo si no se toman medidas urgentes. En nuestro país se estima que el tamaño poblacional mínimo varía entre 100 y 1.000* manatíes.
Para Nataly Castelblanco, PhD. Ecología y Desarrollo Sustentable, experta en Mamíferos Acuáticos y Semiacuáticos, hay otro factor importante y es la calidad genética de la descendencia de los hipopótamos en Colombia (que han llegado a casi 200 individuos a través de la endogamia): se ha degradado su salud y eso hace que sea irresponsable integrarlos a cualquier otra población de hipopótamos en el mundo: “Son varios los individuos que presentan malformaciones, posiblemente causadas por alta endogamia. Este por ejemplo en la cabeza, columna y ano. Las malformaciones producen sufrimiento y dolor en estos animales.”

En entrevista para el canal de TV RED+, Nataly compartió su criterio sobre la importancia de la toma de esta medida por parte del gobierno:
Dalila Caicedo es bióloga Marina, directora ejecutiva de la Fundación Omacha y durante más de dos décadas ha liderado procesos de protección, conservación, rehabilitación y liberación de manatíes en las cuencas de los ríos Sinú y Magdalena en el Caribe colombiano. Ella nos explicó los impactos de la presencia de los hipopótamos en el hábitat del manatí.
Mientras los hipopótamos han sido una amenaza para los pescadores y se ha probado que su presencia en Colombia degrada la calidad del agua, los manatíes han sido aliados de los pescadores y los ecosistemas. El conocimiento local de pescadores del Magdalena reza que donde hay manatíes hay peces, además, el estudio del comportamiento del manatí por parte de organizaciones como la Fundación Omacha ha evidenciado que donde hay manatíes también se conserva el agua. Esto dice Dalila Caicedo al respecto:

La presencia del hipopótamo ha ocupado, en casi cuatro décadas, un área alrededor del río Magdalena considerada como megadiversa por concentrar gran cantidad de especies endémicas. Como muestra el mapa, los hipopótamos hoy se registran en 5 departamentos de Colombia, ocupación que desde su salida de la Hacienda Nápoles, se concentró en Puerto Triunfo, Antioquia, a través del río Magdalena, llegando a ser vistos hasta en el departamento de Bolívar y en la ciudad de Barrancabermeja, en Santander.
Esta zona del río Magdalena es también una de los principales hábitats del manatí que, según la Fundación Omacha, está presente en este río “desde Puerto Berrío, Antioquia, hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza y el Canal del Dique. También está presente en sistemas de ciénagas asociadas a ríos, como la de Paredes en Santander y al sur de Bolívar”.
En Colombia los recursos para la conservación de la biodiversidad son escasos y poco movilizan a la ciudadanía a pesar de los esfuerzos de las fundaciones y ONGs. Además del manatí del gran Caribe otros expertos han alertado sobre la amenaza del hipopótamo como especie invasora a la subsistencia de la nutria neotropical (Lontra longicaudis), la tortuga del magdalena (Podocnemis lewyana) y el bocachico (Prochilodus magdalenae), entre otras especies.
En Baudó AP llamamos la atención sobre el silencio y la falta de apropiación en el debate nacional respecto a la protección de la fauna nativa que también es urgente.
*(Quintana-Rizzo & Reynolds 2010, Castelblanco-Martínez et al. 2012).