23 enero, 2026

¿Nuestro sistema educativo está preparado para atender a niños y niñas autistas?

Baudó AP

Genero e inclusion

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el 2025 cerca de 62 millones de personas vivían con trastorno del espectro autista, según la definición de ese organismo multilateral entendido como “un conjunto diverso de afecciones relacionadas con el desarrollo del cerebro”, al definirse como ‘espectro’ se reconoce como variado y amplio, por esta razón no existen dos personas autistas iguales y con las mismas características. 

De cada 127 personas que nacen en el mundo una vive con autismo. No obstante, en nuestro país no existen datos oficiales sobre la prevalencia de este trastorno que modifica las habilidades cognitivas, psicológicas y conductuales.

Pese a ello, Colombia ha avanzado, al menos en el papel, en un marco normativo que permita la inclusión de las personas autistas en diferentes ámbitos, entre ellos el sistema educativo.

Nuestro país suscribió la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, un tratado internacional que sirve como marco general para promover los derechos de las personas con discapacidad y garantizar el respeto de su dignidad.

De este marco normativo se desprende la Ley estatutaria 1618 de 2013, que establece medidas para que haya inclusión social de las personas con discapacidad, acciones afirmativas a su favor y accesibilidad a todas las esferas de la vida pública.

El decreto 1421 de 2017 reglamenta la educación inclusiva y garantiza el derecho a la educación de niños, niñas y adolescentes con diferentes tipos de discapacidad. 

Pero del papel a la realidad hay un camino largo que aún falta por recorrer. 

Betty Roncancio, madre de un niño autista y fundadora de la Liga Colombiana de Autismo, explicó a Baudó AP cuáles son las brechas que existen en el sistema educativo para atender a niños y niñas neurodivergentes.

Una investigación de la Institución Universitaria Tecnológico de Antioquia realizada en 2025 con padres de niños y niñas autistas en Envigado encontró que el 70% de estos reportaba una mala formación de los docentes para atender a sus hijos, mientras que el 50% indicaba la precariedad de apoyos pedagógicos y educativos especializados, que se sumaban a la persistencia de actitudes poco empáticas con ellos. 

Sí esto ocurre en Envigado, una de las ciudades con los mayores índices de desarrollo humano del país, ¿qué puede esperarse de regiones con mayores índices de pobreza como el Pacífico o la Orinoquía?

Roncancio concluyó que pese a las dificultades, la Liga Colombiana de Autismo, la organización que ella preside, ha desarrollado una actividad incesante en la última década para lograr incidencia en las políticas públicas.

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