Fotografías verbales: Gol, despertame gol

Fotografías verbales


Escrito por: Juan Miguel Álvarez
Foto: Alexis Múnera

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Nuevo espacio de Afluentes

Gol, despertame gol

(Córdoba, Argentina)

 

Media tarde de viernes. Por la ventana, el sol crepita sobre Avenida Corrientes, esquina del Luna Park. Hace instantes: pasta corta, ensalada, vino en jarra. Ahora, el letargo de la duermevela, cabeza va, cabeza viene, baba en el sofá y el aleteo de un mosquito que se solaza en un reguero de algo.

De súbito, grito desesperado: “Gooool, goooool, goooooooooooooooooooooool”, tono de narrador agotado, pienso, celebración del gol soñado, pienso: final de Mundial, último minuto, chalaca de espalda al arco y la pelota que entra por el rincón apenas entre horizontal y vertical. Pienso. Nada de eso. Falsa alarma. Es el despertador del teléfono móvil de Dante.

Dante se apellida Leguizamón, cordobés, cronista judicial en su provincia.

—Qué manera criminal de despertarte en la mañana —le digo.

—Ni hablar, es el gol de mi vida.

—¿Y quién hizo el gol, Maradona contra Inglaterra en el 86?

—No —me responde Dante—. Es el gol de la Paternidad Albiazul: Talleres sobre Belgrano.

Un clásico de provincia, un clásico de equipos hoy casi inexistentes.

—Los dos más grandes equipos de Córdoba son Talleres y Belgrano —Dante me cuenta la historia—. Tienen más de cien años. Belgrano nació en los ferrocarriles de Belgrano y Talleres surgió de los talleres de ese ferrocarril. Talleres tiene dos o tres años menos que Belgrano, habría que buscarlo en la web. Y desde ahí nació el clásico.

”En esos años se jugaba el Campeonato Metropolitano con River, Boca, Independiente… todos clubes de Buenos Aires; y se jugaban ligas provinciales. El clásico más notorio de la Liga de Córdoba ha sido el de Talleres y Belgrano. Si se han enfrentado en 200 partidos, cada uno debe haber ganado 98 y deben haber unos 20 empates. Muy parejo. Por el juego exquisito, el estadio de Talleres se llamó La Boutique; el de Belgrano, el Gigante de Alberdi ubicado sobre la calle Arturo Orgaz. De ahí nuestra canción: ‘Y vamos a dar la vuelta/ la vamos a dedicar/ a esos negros putos del Arturo Orgaz’.

”En la década del setenta se empezó a jugar un torneo llamado el Nacional. Una manera que tuvo la AFA de vincular los equipos del Interior a los torneos de Buenos Aires. Talleres y Belgrano comenzaron a jugar contra River, contra Boca, contra todos y allí empezó la era de gloria de Talleres porque no solo demostró que estaba al nivel de los equipos de Buenos Aires, también que les ganaba. Llegó a dos finales y a una semifinal. Belgrano no tuvo esa proyección en ese momento. Más tarde se creó el torneo de primera y el de segunda, con posibilidad de ascenso y descenso, y a Talleres, por decreto, se le dio la oportunidad de competir en los torneos nacionales; a los otros equipos de Córdoba y demás provincias les tocó participar en el Ascenso.

”No es casual que a Talleres se le haya dado ese beneficio. El dictador que gobernaba en Córdoba se llamaba Luciano Benjamín Menéndez y era hincha de Talleres. Se decía que como Talleres era un símbolo de Córdoba, parte del proyecto político de Menéndez era tener ese equipo en el Nacional. Y me dijo Carlos Hairabedian, un abogado penalista de Córdoba preso político de Menéndez, que ellos que eran hinchas de Talleres, mientras estaban presos festejaron la derrota de Talleres en la final de 1977 contra el Independiente de Bochini y Bertoni —el Independiente que ganó todo en el mundo—, porque en ese contexto la victoria de Talleres hubiera sido el símbolo político del éxito de Menéndez. Imaginate a Menéndez: consideraba a Videla la mano blanda de la dictadura y en 1978 le intentó un golpe de estado porque decía que Videla era un cagón; hacé esa lectura de Menéndez: un perverso hijo de mil putas.

”Desde esa derrota, nos quedó el mote de Gallinas. Fue vergonzoso: a Independiente le echaron a cuatro jugadores, el equipo se estaba yendo de la cancha y el técnico les dijo: ‘No. Hay que quedarse y jugar’, y con cuatro jugadores menos nos hicieron un gol y ganaron el torneo. En los años ochenta, Talleres empezó a volverse un equipo de mitad de tabla hasta que en los noventa terminó descendiendo a la B.

”En 1998, Ricardo Gareca entrenó a Talleres y logró armar con puros jugadores de la cantera un equipo para regresar a la A. El torneo de la B era un todos contra todos y los dos primeros de la tabla jugaban una final; el ganador ascendía. Y fue que Talleres y Belgrano llegaron a la final, partidos de ida y vuelta en el estadio más grande de Córdoba que hoy se llama Mario Alberto Kempes, 55 mil espectadores, la popular sur para Talleres, la popular norte para Belgrano. No se hablaba de otra cosa en Córdoba, el partido de fútbol más importante de la provincia en cincuenta años.

”La ida la ganó Talleres con gol del Cachi Celaya: desborde de Albornoz, tira el centro y gol del Cachi Celaya. En la vuelta, Talleres hizo el primer gol y tenía prácticamente asegurado el ascenso. No sé en qué momento Artime, el mejor de Belgrano, hizo un gol y empataron pero seguía ascendiendo Talleres debido a la victoria del primer partido. Hasta que en el minuto 47 del segundo tiempo, tiro libre a favor de Belgrano sobre la línea del área de Talleres. Fue Sosa. Vos veías la tribuna de Talleres y todos nos agarrábamos la cabeza y nos tapábamos los ojos. El peor universo posible era ese: un tiro libre en el último minuto en los pies de Sosa. Todos los jugadores de Talleres se miraban porque sabían que iba a ser gol. Nada peor podía pasar y pasó. Ni un penal hubiera sido tan complicado como esa situación porque Cuenca, el arquero de Talleres, atajaba penales muy bien. Y fue gol. Cuenca armó la barrera y se paró detrás de ella y descuidó el otro palo, ¡una cosa de locos! Sosa pateó al palo libre y ya está.

”Alargue.

”Talleres tenía a Humoller, el líbero, encalambrado. Fue un sufrimiento. Los dos equipos atacaban. Era tal el nivel de tensión que cada vez que Humoller tenía que salir a cruzar a un atacante de Belgrano y tenía que meter la pierna encalambrada gritaba de dolor: ahhgggggghagggg y todo el estadio escuchaba y nos agarrábamos la cabeza. Una tensión tremenda.

”Conclusión: penales. No recuerdo cómo fue la serie. El arquero de Belgrano era Ragg, un tipo que tenía dientes de conejo. Un segundo delantero de Talleres que le peleaba la titular al Cachi Celaya, Luis Oste, le tocó patear el último penal. Se paró frente a la pelota. Sufríamos. Y pateó a la derecha de Ragg y Ragg se tiró a su izquierda. Golazo… Golazo… Ascenso de Talleres y Belgrano para siempre en la B. Ahí comenzó la Paternidad Albiazul, el 5 de julio de 1998. Fue un partido larguísimo: recuerdo que empezó con el sol en la cabeza, tipo tres de la tarde, y terminó de noche.

”Desde entonces, cada 5 de julio la hinchada de Talleres va al Patio Olmos, que es un sector de Córdoba donde se encuentra la gente de la ciudad, como el Obelisco en Buenos Aires; también va Oste con la camiseta que tenía ese día del penal, viene de donde esté, no importa si está fuera del país, llega. Uno de los hinchas de Talleres se disfraza de Ragg con una máscara de conejo, hay bengalas, llevan un arco de futbolito con malla, y Oste va y patea el penal a la misma parte y el muñeco de Ragg se tira a la misma parte y siempre es gol y la gente lo grita, lo canta, y después la hinchada abraza a Oste, lo sube en hombros y le da una vuelta coreando: ‘Un minuto de silencio, pa’ Belgrano que está muerto, aeae aeae aeae’”. Tenés que verlo en Youtube.

—¿Y qué dicen los hinchas de Belgrano?

—No, nada. Todos los medios de Córdoba están llenos de hinchas de Belgrano, así que nunca sale publicado nada de esto en prensa.

—¿Cómo llegaste al despertador del móvil?

—Una tarde, en casa de mi viejo, sin darme cuenta él hizo que mi hermano lo llamara. Y lo escuché. Me puse loco, qué rico, y me lo pasó. La narración es de Oswaldo Weber que en ese momento ya no trabajaba en Córdoba, pero fue contratado para narrar esa final. ¿Viste que es  muy bueno?

 —¿Y vos has visto a Talleres quedar campeón de la primera categoría?

—En la A, ¡nunca!

—¿Realmente te despertás todas las mañanas con ese gol?

—Ya no todas. Cuando mi mujer me deja. Aturde, ¿viste?

 

Nuevo espacio de Afluentes Fotografías verbales Por: Juan Miguel Álvarez.

Con el nombre de ‘Fotografías verbales’ llevé durante unos meses de 2016 una columna en la revista Vice. Pasados estos años, con muchos más viajes a cuestas, retomo el ejercicio a partir de hoy pero en nuestra agencia Baudó AP. Se trata de narrar una historia real, un episodio, un movimiento y su estela en el tiempo, poner en palabras una sensación, convertir una fotografía mental en palabras.

En principio, será un texto cada mes. Luego, veremos si eso cambia.

Invitadísimos a leer, comentar y compartir.

Fotografías verbales Por Juan Miguel Álvarez

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Fotografías verbales
Por: Juan Miguel Álvarez

Con el nombre de ‘Fotografías verbales’ llevé durante unos meses de 2016 una columna en la revista Vice. Pasados estos años, con muchos más viajes a cuestas, retomo el ejercicio a partir de hoy pero en nuestra agencia Baudó AP.

Se trata de narrar una historia real, un episodio, un movimiento y su estela en el tiempo, poner en palabras una sensación, convertir una fotografía mental en palabras.

En principio, será un texto cada mes. Luego, veremos si eso cambia.

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